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 [Mini concurso I] un año Aurentiano

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Alexander_Falcon
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MensajeTema: [Mini concurso I] un año Aurentiano   Dom Dic 10, 2017 7:47 pm

Un año Aurentiano



No había ruido alguno que perturbara aquella fría y oscura caverna; tampoco luz, ni mancha alguna en sus paredes. Aquellas galerías subterráneas se extendían bajo tierra, como una compleja maraña de hilos que no parece tener sentido o dirección alguna; pero en realidad si la tienen. A medida que descienden en lo profundo, todas las cavernas convergen en una gran habitación natural, en la cual reposa una gran masa uniforme, blanda y de apariencia mucosa, que no es blanca ni transparente, tampoco gris ni negra; no tiene ningún color y sin embargo los tiene todos.

Aunque aquella aglutinación de masa sin nombre se mantenía quieta, imperturbable, en ella sobrevivía un rezago de movimiento latente; como si estuviese viva en un estado catatónico. Y así se hubiese quedado por mucho tiempo más, de no ser porque un ligero empujón le despertó; una gota de agua, unos miligramos de azufre, una centésima de grado centígrado, tal vez alguna o todas a la vez, no tiene importancia: lo realmente importante es que… se movió.

Algo despertó en su interior y comenzó a palpitar; pero no fue como si algo dentro de aquella masa hubiese estado germinando en todo este tiempo, no, fue como si parte de aquella misma masa hubiese decidido… ser.  Así que el ser fue tomando cuerpo y se fue independizando del resto de la materia. No era más que una sanguijuela sin forma, hecha de un extraño moco sin consistencia y de color azulado, que no era capaz de hacer otra cosa que arrastrarse, a donde sea, no importaba, cualquier dirección era válida… cualquiera, menos aquella que le llevara de nuevo a la gran masa amorfa.

La gran lucha al principio fue mantener su propia cohesión; le costaba mantenerse como ser. Se resistía contra el impulso inherente de su materia por mantenerse uniforme e indiferenciada… y al final lo consiguió; no solo él, sino también otros que surgieron de la misma forma y prácticamente al mismo tiempo, aquellos quienes podrían considerarse como sus hermanos.

Una vez lograron mantenerse uniformes, pudieron dedicarse a otras labores que implica ser un ser, como por ejemplo pensar. Y si bien no fue un pensamiento demasiado grande ni elaborado, tuvo el suficiente esfuerzo y potencia como para generar una idea, una capaz de direccionar sus cuerpos, así sea bajo la forma primitiva que nosotros entendemos como el instinto. Esa idea era ascender, arrastrarse, avanzar por aquellas laberínticas galerías eternas por el simple hecho de avanzar ¿o… acaso buscaban algo? No lo sabían, no fueron capaces de razonarlo por mucho tiempo.

Deambularon… deambularon y deambularon por tanto tiempo que comenzaron a reptar sin arrastrar sus vientres. Torpemente se desplazaban con sus pequeñas 4 extremidades, que habían desarrollado lentamente a lo largo del tiempo. Si bien aún no eran muy listos, ahora en sus mentes podía convivir más de una idea al mismo tiempo. Sentían la necesidad de subir, sin saber a dónde, sin saber en busca de qué, sentían que algo les llamaba desde un sitio en el que nunca antes habían estado, sentían el hambre y el ansia en sus corazones; no les bastaba con la humedad y los caldos nutritivos que se generaban en las cavernas producto de la filtración.

Y aunque las cavernas parecían laberintos interminables, su travesía en ellas no resultaría eterna. Poco a poco fueron llegando a estancias más altas, vagamente iluminadas por alguna extraña y mágica luz distante; y entonces sus rudimentarios ojos pudieron ver por vez primera. Al poco tiempo encontraron la salida, emergieron entonces a la superficie de un mundo que escapaba por completo a su reducido entendimiento; ya no había más techo, ya no habían más galerías, sobre ellos se extendía una inmensurable bóveda vacía e infinita, decorada por millones de destellos de intensa luz. Y aunque todos esos puntos resultaban ser muy brillantes, ninguno se comparaba con uno que brillaba en el centro; que si bien alguien hubiese podido taparlo fácilmente con el pulgar, era un punto tan brillante, que encegueció temporalmente a todos los pequeños seres que emergieron del subsuelo. Al poco tiempo sus ojos se adaptaron al cambio, fue entonces cuando, al poder alzar la vista y contemplar de lleno el espectáculo del cielo… y de aquella bola de luz tan intensa y distante, comprendieron que era aquello lo que habían estado buscando.

Sus pieles, que ya habían adquirido una superficie uniforme y estable, se fueron haciendo un poco más secas; aunque seguían siendo blandas y lisas. Sus pequeñas mandíbulas adquirieron pequeños dientes, y entonces comenzaron a alimentarse de cosas solidas; aunque de momento no hubiese muchas plantas que aprovechar y ninguna osara levantarse mucha distancia del suelo.

Durante mucho tiempo no hubo gran novedad. El cielo permanecía constantemente estrellado, la tierra permanecía desnuda, y en el mundo tan solo crecían algunos hierbajos, arbustos, musgos y escasos brotes de pastos. La única vida “animal” eran algunos pequeños insectos que escarbaban la tierra y revoloteaban entre los pastos, además de nuestros seres salidos del subsuelo. No había ninguna perturbación a esta paz eterna, salvo las rocas que caían del cielo: meteoritos no muy grandes que sacudían la tierra, obsequiando al mundo toda clase de regalos. Aquellos meteoritos, que bien podían ser rojos, violetas, azules… traían con ellos obsequios del más profundo y distante cosmos; algunos llevaban brillantes cristales, otros sustancias que no eran distinguibles a simple vista, muchos traían hielo.

A medida que caían más y más rocas celestes, poco a poco el clima fue cambiando. En el cielo surgieron las primeras nubes y con ellas llegó la lluvia… el agua entonces acarició tiernamente la superficie de nuestros seres reptilescos, empapó la yerma tierra y alimentó pacientemente a las plantas, las cuales fueron creciendo, bebiendo y bebiendo toda el agua que podían beber, hasta que no pudieron hincharse mas, y entonces la liberaron; y así en el suelo surgieron hilos de agua… los cuales se unieron para formar arroyuelos… y de los arroyuelos surgieron los ríos… y los ríos desembocaron en pequeñas lagunas someras. Detrás de las nubes comenzó a verse una capa color violeta que ahora cubría las estrellas; al menos mientras que la esfera de luz mayor se encontraba en el cielo; la cual, por cierto, había incrementado ligeramente su tamaño.

Y de todo esto se dieron cuenta nuestros seres, ya que ahora tenían una buena vista. Eran capaces de caminar con soltura… y pensar con soltura; si bien no eran grandes filósofos, entendían y asimilaban claramente el entorno que les rodeaba, no solo las plantas que comían, sino también a sus otros compañeros, y a los demás animales que fueron surgiendo; porque ahora el mundo estaba lleno de toda clase de vivos.

El cielo se hizo más consistente, las nubes más grandes y las lluvias más frecuentes, los arroyos más abundantes, los ríos más caudalosos y los lagos más grandes; tanto que se volvieron mares. Las plantas fueron tan felices que se hicieron mucho más abundantes y diversas; algunas desarrollaron hermosas y complejas flores, las cuales eran visitadas por toda clase de impensables y policromáticos insectos; otras crecieron altas hacia el cielo, compitiendo salvaje y silenciosamente por hasta el último rayo de luz proveniente del astro mayor; el cual llegó a ser ligeramente más grande.

No solo los insectos se beneficiaron de ello, pronto surgieron toda clase de animales distintos que se alimentaron de las nuevas y fragantes frutas, de las aceitosas semillas, del buen néctar y polen de las flores, de la sabia de los árboles y el tierno follaje de los helechos y el dosel de los bosques. Surgieron algunos que se balanceaban grácilmente entre las ramas y juncos extendiendo sus delgadas extremidades, otros cavaban y se escondían entre las raíces usando sus gigantescas garras, incluso hubo titánicas bestias que alcanzaban las ramas más altas de los arboles con solo estirar el cuello, las cuales solo salían a las praderas para extender las placas membranosas de sus espaldas y así tomar el sol.

Pero bueno, las plantas y los reptiles no eran los únicos vivos que adoraban aquella esfera de luz; desde que la vieron por primera vez, por encima de cualquier otra luz celestial, nuestros seres apreciaron infinitamente su belleza… su luz… su calor… su magia. Aunque con gran torpeza, ya eran capaces de tomar objetos entre sus extremidades anteriores –manteniendo su peso por algún tiempo sobre sus extremidades posteriores– y utilizarlos rudimentariamente en sus labores cotidianas.

Y si bien habían llegado lejos, el deseo de ascender, de moverse, nunca llegó a extinguirse. Aquel ser primigenio que surgió junto a sus hermanos de aquella masa indiferenciada, tuvo el impulso de ascender un día por la montaña más elevada del mundo; torpe y lentamente, llegó a conquistar la cima. En lo alto encontró una especie de báculo, una vara hecha de algún material extraño que parecía ser resistente a todas las inclemencias del mundo, esta tenía marcada en su superficie siete cuñas; nunca nuestro ser había visto algo así, ninguno otro de su raza había alcanzado la cima de esa montaña antes. En el momento en el que él la tomo, asumiría su propia identidad, ya no como individuo, sino, junto a sus hermanos, como raza. Para cerciorarse de ello y dejar evidencia de su paso por el mundo, añadió una octava cuña al báculo.

Entonces se dio la revolución: nuestros seres se erguieron hacia el sol y nunca más volvieron a andar en cuatro extremidades, tampoco volvieron a bajar la mirada. Sus mentes habían crecido tanto que ya no les bastaba su propia memoria para contenerla, así que crearon la escritura –junto con muchos otros inventos– y se llamaron a sí mismos Aurentianos: los hijos del sol. Se hicieron más sabios que cualquier otro ser. Domaron el fuego, la tierra y las tormentas. Domesticaron toda clase de plantas y animales; gracias a ello pudieron asentarse, formar comunidades… y luego pueblos… y luego grandes ciudades. Sus pequeñas chozas se convirtieron en imponentes rascacielos, tan altos como su sed de conocimiento y de respuestas; ya que no dejaban de preguntarse de dónde venían, por qué esta sed no se saciaba, hacia dónde se dirigían. Y en todo ese tiempo de investigación científica, nunca dejaron de deleitarse con la belleza del astro mayor; el cual, por cierto, había incrementado ligeramente su tamaño.

Luego comenzó a hacer mucho calor, como nunca antes lo había hecho; el agua poco a poco comenzó a escasear. La piel de nuestros Aurentianos era ahora dura y firme. Los preocupados habitantes del mundo emplearon toda su capacidad intelectual para intentar solucionar este asunto. Durante mucho tiempo estuvieron investigando, poco a poco se fueron haciendo más sabios y viejos, al tiempo que el agua escaseaba cada vez más, y los animales y las plantas comenzaban a morir. El astro mayor había llegado a proporciones insospechadas hasta el momento.

La piel de nuestros Aurentianos llegó a resecarse tanto que había comenzado a desquebrajarse en una proporción mortal; sufrieron grandes bajas en su población. Sin embargo, ninguno de ellos desesperó.

Ya que su ciencia había llegado tan… tan lejos; habían llegado a observar los rincones más alejados de la galaxia sin tener la necesidad de estar allí, contemplar las estrellas más infinitamente diminutas –decenas de millones de veces más pequeñas que un grano de sal– y las más grandes, descifrar las fuerzas mudas del cosmos, entender cómo una avispa Aurentiana es capaz de mantenerse a flote… aún cuando su peso le representa una imposibilidad física, viajar a las selvas más recónditas... y las cavernas más profundas. Tanto habían descubierto que al final, llegaron a entender… a entenderlo; y su sed por fin se calmó.

El último Aurentiano vivo –el líder de la extinta raza– subió en soledad hasta lo alto de la cima más elevada del planeta, estaba viejo y sus extremidades estaban a punto de romperse a cada momento. Se sentó en una piedra y observó a su alrededor, desde allí arriba se veía todo: ciudades llenas de distantes y altas agujas de marfil sumergidas en el más profundo silencio, valles y grandes cráteres que sugerían la pasada existencia de ríos y mares, incontables hectáreas de suelo yermo y abandonado; no se veía un solo rastro de Aurentiano o animal alguno y las plantas no eran más que espectros marchitos cuyos cadáveres se resistían valientemente a desaparecer. Fue entonces cuando el viejo levantó la vista y observó al sol, al eterno y gigantesco astro que siempre los había acompañado… y entonces sonrió, por última vez.


Epílogo

El planeta Aurentia –como lo habían nombrado los Aurentianos– no dejó de calentarse. La atmosfera se evaporó, por lo que su superficie llegó a arder tanto que nada en ella soportó la arremetida del sol, todo se convirtió en polvo, el cual se asentó en la superficie del planeta.

Pero Aurentia no se quedaría allí para siempre, no. Transcurrido un tiempo el planeta comenzó a alejarse del sol nuevamente… el astro mayor se veía más y más pequeño. El frio poco a poco fue dominando el mundo de nuevo. Cayeron cientos de meteoros y asteroides del cielo desnudo, pequeños, grandes; violetas, rojos y azules. Traían con ellos obsequios del más profundo y distante cosmos; algunos llevaban brillantes cristales, otros sustancias que no eran distinguibles a simple vista, muchos traían hielo. El hielo se fundió lentamente, y entonces el agua arrastró consigo todo lo que pudo de la superficie… y se filtró… y bajó hasta lo más profundo; hasta llegar a una habitación natural, en la cual reposa una gran masa uniforme, blanda y de apariencia mucosa, que no es blanca ni transparente, tampoco gris ni negra;  no tiene ningún color y sin embargo los tiene todos.

Aunque aquella aglutinación de masa sin nombre se mantenía quieta, imperturbable, en ella sobrevivía un rezago de movimiento latente; como si estuviese viva en un estado catatónico. Y así se hubiese quedado por mucho tiempo más, de no ser porque un ligero empujón le despertó; una gota de agua, unos miligramos de azufre, una centésima de grado centígrado, tal vez alguna o todas a la vez, no tiene importancia… lo realmente importante es que… se movió.

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Samuel17993
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MensajeTema: Re: [Mini concurso I] un año Aurentiano   Dom Dic 10, 2017 8:58 pm

Hola Halcón. Antes de nada, mamón, este relato ya lo presentaste a un Torneo de FJe oficial. Lo leí en su tiempo y lo he reconocido, aunque le has cambiado cosas.

Detalles técnicos.:
 

Ya dicho lo de tu pequeño problema de tiempos al principio del relato, el relato por lo demás le he visto mejorado con respecto al torneo donde lo presentante, aunque sigue habiendo algunos detalles técnicos que solucionar, caso de alguna falta por ejemplo. Me ha gustado la modificación, aunque el principio lo he notado confuso. Le has añadido algún detalle, un epílogo. Me sigue gustando, encantando, la metáfora platónica y la idea del retorno eterno de la vida, a pesar de ser demasiado idealista para un tipo como yo, jaja. Es un relato sencillo, bello, descriptivo y con una idea profunda que englobas de forma elíptica y perfecta. Con epílogo o poniendo el texto separado está bien, cosa indiferente para mí, aunque queda algo más clara o interesante la renovación con el epílogo: si no lo lees además, el final es el de la raza, y si no, hay una vuelta a la creación de otra raza que repite la lectura del relato. Esto último es interesante porque la muerte de ESA raza puede no ser el renacimiento de la MISMA raza, lo cual supone una elipsis no perfecta, como gira la vía láctea... Aun así, me gustaría haber leído algo más nuevo, algo original tuyo.

Un saludete de Samuel.
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MensajeTema: Re: [Mini concurso I] un año Aurentiano   Dom Dic 10, 2017 11:54 pm

Hola, Alexander.

Al igual que Samuel, me ha recordado a la caverna de Platón y me remite a la idea del eterno retorno. Es una fábula sencilla, bien redactada y con una atmósfera lo suficientemente conseguida como para trasladar al lector a ese mundo que creas.

Es una especie de cosmogonía de un mundo ficticio, un Génesis...También se puede ver como una síntesis de la historia de la humanidad. Ese sol que nos proporciona la vida pero que ahora parece asfixiarla. Esperamos que nuestro final sea distinto, aunque la moraleja sea que nada muere y que todo se transforma.

Un saludo.
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MensajeTema: Re: [Mini concurso I] un año Aurentiano   Lun Dic 18, 2017 3:35 am

NOOO Samueel, no me digas que ya lo había subido antes XD y para mas piedra también a un torneo, subi este y no otro (que creo que ese si no lo has leído XD tendré que rescatarlo de los relatos ocultos) pensando precisamente que no lo había subido nunca aquí… que mala memoria la mia y que buena memoria la tuya… de miedo XD.

He aplicado las correcciones que me has hecho... aunque lo de los tiempos, hay algo que no me convence, tal vez luego si coincidimos en el chat te lo comento.

Gracias por sus comentarios chicos… y si *mira otra vez el relato* al parecer es una alegoría del eterno retorno XD. Yo lo pensé como un pequeño cuento de ciencia ficción que hace referencia al ciclo de vida en un “planeta” cuya orbita se asemeja más a la de un asteroide y en consecuencia su vida se comporta estacionalmente, como la de las zonas templadas (donde ustedes viven) algo que… para mi es bastante raro XD.

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