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 Quedada en el infierno #cronicasdeFJE

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JCLeón
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MensajeTema: Quedada en el infierno #cronicasdeFJE   Dom Nov 26, 2017 6:55 pm

Lo que leerán a continuación es un relato que fue escrito en 2013 si mal no recuerdo, se conserva exactamente como lo hice entonces por lo que me disculpo si posee errores demasiado terribles... 



A toda velocidad. Tal cual cortaría una red infinita de capas de papel o plástico, el auto cortaba el viento a toda velocidad. Trataba de no pensar en lo que hacía. Trataba de imaginar que esto no era más que otra historia ficticia de las que se escribían en el foro; pero la realidad nos golpeaba en el culo con un palo lleno de clavos. 
La noche era húmeda y caliente. El vapor que despedían las calles adoquinadas entraba por las ventanillas del auto haciendo el aire más denso. No oía nada más que la brisa azotando mis oídos. Las luces del coche aún destellaban reflejadas en el retrovisor. El auto que venía detrás era negro, solo se alcanzaban a ver el par de faros que nos seguían durante los últimos veinte minutos. Los veinte minutos más largos de mi vida.
Las ideas se atropellaban en mi cabeza. El auto se quedaba sin combustible y Anais seguía sonriendo con los ojos entrecerrados.Del lado del copiloto del auto que nos seguía, pude ver un brillo metálico antes de que el retrovisor estallara. Una lluvia de plomo comenzó a perforar el vehículo.
Yo movía el auto en zigzag tratando de esquivar las balas. Anais sacaba la cabeza por la ventanilla, zarandeándose al ritmo de mis maniobras de evasión. Sus carcajadas y el sonido de los disparos eran como un cincel que me perforaba los nervios.
Anais. Mi amiga desde hace casi un año. Dulce. Leal. Inteligente. Sagaz. Anais Duches era todas esas cosas; pero ahora, ahora no era más que un cuerpo drogado que viajaba en una montaña rusa imaginaria. 
—¡Mete la cabeza al auto, que te la van arrancar de raíz! —dije sin apartar los ojos del camino.
—Aguafiestas —dijo ella haciendo un puchero —¡Es año nuevo!. ¡Sonríe! —Me dijo mientras me despeinaba el cabello, haciéndome perder el control del auto por un instante — ¿Oyes los cohetes? Hay que verlos —casi sentía pena al escuchar sus palabras.
 Pobre de mí, si tan solo estuviese tan drogado como ella no me hallaría tan asustado y ahora estaría con Anais, celebrando el año nuevo. La realidad era otra. Me encontraba sobrio y sabía bien lo que estaba pasando. El auto que nos perseguía no se iba a detener hasta ver nuestras tripas esparcidas en el camino. 
Los árboles se izaban como gigantes monstruosos a ambos lados del camino. Hacía calor. Sudaba…
Anais encendió la radio. 
—Esta es mi canción favorita  —dijo señalando el reproductor con los ojos muy abiertos. 
En la radio narraban un partido de futbol. Anais tarareaba “The scientist”. Los disparos continuaban y con el auto a máxima velocidad dibujaba eses en el camino. En la parte trasera del auto podía escuchar los fuertes golpes del equipaje vivo en el maletero.
“¿Ella estaría bien?” pensé, el sonido brusco en cada sacudida me preocupaba.
Apreté el volante con fuerza. Tenía que moverme rápido para mantenernos vivos algunos minutos extras.
—¡Feliz año nuevo! —gritó Anais, sacando de nuevo la cabeza. Una bala le arrancó la mitad de la oreja haciendo que el lado derecho de su cara desapareciera un poco al fundirse su sangrado con el rojo de sus cabellos. 
—¡Maldición! —grité, tirándola del brazo.
—Creo que perdí mi arete —Me dijo.
“¿qué coño le han puesto a tu bebida?” pensaba mientras sentía que el aire no me cabía en los pulmones. La situación empeoraba cada vez más “¿qué carajos hago?” era la pregunta que me lijaba el cerebro.
—¡Detén el auto JC! —dijo una voz masculina a través de un megáfono y eso hice.
Frené de golpe. El auto patinó describiendo un semicírculo y acto seguido el vehículo negro nos impactó a toda velocidad. Todo sucedió en una milésima de segundo.
 Después del golpe todo se oscureció.
Cuando abrí los ojos el mundo estaba al revés y llovía sangre. Sacudí la cabeza y aunque veía todo un poco borroso pude entender la situación. Nuestro auto era el que estaba al revés. Mi cara era una especie de mosaico en el que se habían encajado incontables pedazos de vidrio. El dolor era indescriptible. 
Anais yacía a mi lado atrapada por el cinturón de seguridad y aparentemente desmayada.
Unas botas negras y lustradas se acercaron golpeando el pavimento a pasos lentos y sonoros. Se acercaron hasta que solo hubo unos pocos centímetros entre mi cara ellas. Se acercaron hasta que pude sentir el aroma a betún para zapatos. 
El dueño de las botas dobló sus rodillas y se inclinó para hablarme.
—Buena maniobra, Shei Ci —dijo aquella cara borrosa —. Fue una buena maniobra —Giró el rostro por encima de su hombro — ¡Sácala, Sazare! Tráeme a esa sabandija.
Apreté los dientes tratando de soportar el dolor en el cuerpo. Había trozos de metal retorcido atravesando mi torso. Mis piernas estaban embutidas entre el tablero y la zona de los pedales del auto. Traté de moverme pero el dolor casi me hizo desmayar.
—¡Es solo un puto juego del Foro! ¡No sigas con esto! —dije luego de escupir la sangre espesa que se acumulaba en mi boca.
—No, Shei Ci  —dijo la dueña de las botas—No es un puto juego —agregó Volátil tirándome del cabello—. Debiste tomar tu trago como Anni; pero no, tú querías proteger a esa putita.
—No le hagas daño. Tú no eres así —susurré mientras Sazare sacaba el cuerpo del maletero y lo arrastraba junto a Volátil. 
—¿Tú qué sabes de lo que soy o lo que fui ? —dijo ella encogiendo los hombros—. Rojos, azules y morados, eso es lo que somos ahora.
Volátil acercó su otra mano a mi cara e hizo presión, hundiendo los trozos de vidrio hasta los huesos de mis pómulos. Gruñí de dolor al tiempo varias gotas de mi sangre salpicaron sus botas.
—Quería protegerlos. Todos bebieron ¿Por qué tenías tú que ser el héroe? —Volátil me soltó, escupió en sus botas y con un pañuelo las lustró de nuevo —. En la vida real los héroes también pueden morir, Shei Ci —Volvió a tomarme del cabello con fuerza—¿Vale la pena morir por una puta de estas? ¿Ah? Es una roja. Matarla no será como matar a un ser humano. Es roja como las cucarachas y matarla va a ser justo así, justo como si aplastara a una maldita cucaracha —Volátil se puso en pie —. Supón que es un servicio social, querido Shei Ci. Es tiempo de fumigar —dijo al dar medio giro y caminar hasta el cuerpo que Sazare aún sostenía. 
El mismo que ya antes había rescatado del auto negro y que había metido en el maletero de nuestro auto. Ese que ahora reposaba en el pavimento a merced de una Volátil que no era la misma de antes, una Volátil enferma.
Ella se inclinó junto al cuerpo mirándolo con seriedad. 
—Esto es arriesgado, Volátil —dijo Sazare —. Mejor vámonos antes de que llegue la policía. 
—Quítale el pasamontañas. Quiero verla —respondió Volátil.
Sazare se limpió el sudor de la frente. Se arrodilló y arrancó el pasamontañas dejando al descubierto el bello y angelical rostro de una chica.
—Aún estamos a tiempo, Volátil —insistió Sazare — ¡Huyamos a México; iniciemos una vida juntos! —decía casi suplicando. Volátil sacó un cuchillo que llevaba entre sus botas. El cabello rojo le caía sobre el rostro y sus labios brillaban por efecto del lápiz labial. Comenzó a susurrar cosas y a acariciar el rostro de la chica con la hoja plateada del puñal —. Nos pondríamos nombres falsos; tu serías Rosa y yo sería Emiliano. Compraríamos un rancho, tendríamos gallinas y puercos. Vamos, cariño, subamos al au…
Ella clavó el cuchillo en la cara de Sazare, una y otra vez, trayéndose trozos de piel cada vez que sacaba el puñal. El cuerpo de Sazare temblaba todavía de rodillas mientras le cercenaban la cara. Volátil apuñaló el rostro de su compañero hasta que sus ojos volaron de las cuencas palanqueados por el puñal y aún después, siguió apuñalando haciendo que el cuchillo saliera hasta el otro lado de su cráneo. En un instante el rostro de Sazare no era más que un montón de carne molida.
Volátil suspiró. Se arregló el cabello y volvió a mirar a la chica que yacía en el pavimento, aún sedada por la cantidad de drogas que le había puesto en su bebida. 
—¿En qué estábamos, guarrilla? —Preguntaba Volátil —. ¿En qué punto dejamos nuestra conversación, Charlotte? —Volátil metió el cuchillo bajo la blusa de Charlotte y la rasgó de un tirón cortando el sujetador de la chica y dejando su blanco torso al descubierto—. Vamos a divertirnos un rato, niña bonita. ¡Wop! ¿Estás viendo las tetitas de esta piba? Apuesto a que se cortan como mantequilla con mi cuchillito —Volátil babeaba excitada — ¿Quieres ver Shei Ci? Yo sé que sí quieres —Ella se inclinó y aspiró el aroma de los pechos de la chica poniendo los ojos en blanco. Se levantó y abofeteó sus mejillas con la hoja del cuchillo dejando enormes hematomas en su rostro —. Perfume barato y asqueroso —decía mientras la golpeaba haciendo que la cara de Charlotte comenzara a deformarse por la hinchazón.
Volátil tomó uno de los senos de la chica y puso el puñal a la altura del pezón. Me miró directo a los ojos y sonrió. Giré el rostro en dirección a Anais, ella seguía inconsciente. La sangre seguía subiendo por mi garganta y acumulándose en mi boca. Comenzaba ahogarme y tosía mientras mi cuerpo temblaba de dolor. Entonces cerré los ojos y no supe nada más.
Al despertar, el sol ya había salido y un grupo de paramédicos trataba de sacarnos del auto. En el lugar donde se encontraba volátil y Charlotte, solo había una mancha de sangre y algunos huesos y tripas. El cuerpo de Sazare seguía de rodillas con la cara hecha picadillo. Anais gritaba y lloraba en una camilla por la pérdida de su oreja.
Estuve seis meses en el hospital. No supe nunca el paradero de Volátil. Ni ella ni Charlotte (Charlie) volvieron a ser vistas en el foro y solo podía suponer lo que había hecho luego de que me desmayara. Aquella quedada no había salido según lo planeado.
A veces cuando estoy solo en casa, mi teléfono suena,  lo levanto y  nadie habla, solo escucho una respiración lenta y jadeante al otro lado; entonces pienso en esa noche y en la quedada; entonces pienso en Volátil.
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Quedada en el infierno #cronicasdeFJE

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